miércoles, mayo 21, 2008

Monsters Inc.

Ayer fue uno de esos días que no me convierten en la mamá del año. Debe ser que estoy muy irritable porque me está por venir. Ojo, esto lo digo yo, que no me venga un tipo con ese comentario porque pobre de él si tengo un pica-hielo a mano. Es como lo de "estoy gorda". Cuando estoy hecha una foca tengo plena conciencia de eso y no me miento en absoluto, pero le llego a preguntar a Pato y me contesta que sí, se arma la podrida. Si me dice que no, sé muy bien que me está mintiendo y que en realidad me merezco que me larguen en alguna playa de Puerto Madryn. Le reprocho la mentira, pero pobre de él si no la mantiene.

En fin, decía que ayer fue un día de ésos. Hasta la noche la pude pilotear dignamente. Cada vez que alguno de los tres me hacía salir de mis casillas, respiraba hondo, uno dos tres, inhalo, exhalo, cuento hasta 10, no, mejor hasta 20, sí, sí ya me siento mejor, no es tan grave que haya pintarrajeado la pared con crayon azul, vamos, me calmo, eso es, eso es. Así hasta la noche, una maestra del control mental.

Pero viste que se va acumulando. Porque todas esas técnicas de respirar hondo, contar o tomarse un té verde con jengibre todo bien, te calman en el momento, pero uno va acumulando. Y a eso de las nueve yo ya me sentía como el Chaitén. Les lavo los dientes, bueno pensé, cuento y a la cama, ya casi lo logro, una más y no jodemos más. Dientes, hacer pis, libro. Emma elige un libro medio largo pero bueno, lo leo con mi mejor cara, hago las voces de los personajes, para medalla te digo. Y después del punto final, digo bueno basta, a la camita que mañana hay jardín, Emma empieza a protestar que quiere un librito más, cosa de todos los dias, cosa común de cualquier niño, pero en ese momento de mi estado mental su vocecita angelical que podríamos calificar tranquilamente como voz de pito, me taladraba el tímpano y lo único que se me ocurría hacer en ese momento era saltar por el balcón.

Ahí, justo en ese re sostenido del “ooooooootroooomássssssss, por favor mamáa” se me salta la cadena. No lo alcancé a evitar. Con algo tan elemental como el pedido de un librito de morondanga más. Con un vozarrón que les juro no sé de dónde me salió grito “ NO, NO. NOOOOOOOOOOOO. No hay más cuentos, ahora a dormir. ESTOY PODRIDA DE CUENTOS. Quiero irme a dormir, quiero PAZ. NO HAY MAS CUENTOOOOOOOOOOOS. BAAAAAAAAASTAAAAAAAAAAA. Siempre me piden más cuentos, SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE MAS y NO QUIERO MAS, QUIERO DORMIR, NO PUEDO MAAAAAAAAAAAS”.

O sea, loca mal. Sacada. La voz. La voz de un monstruo. Como medio gritando pero con voz grave. Emma se paralizó y se quedó mirándome con esos ojazos que se le empezaban a llenar de lágrimas. Maia dio algunos pasos para atrás asustada. Juro que no sé de dónde me salió esa voz de psicótica. Ni yo me reconocí, era como que la loca que tengo adentro se hubiera apoderado de mí. Horrible.

Peor es segundos después cuando te das cuenta, cuando volvés en vos, cuando te empieza a carcomer la culpa y pedís perdón como esos alcohólicos que golpean a su mujer y juran no hacerlo nunca más. Estoy nerviosa, no sé que me pasó, perdonáme, ya sé que no hay que gritar así, es que estoy muy cansada y necesito dormir, bla bla bla.

Pero la voz. Mi montruo salió de su cueva y asustó a las nenas. Ésa también soy yo.

miércoles, mayo 14, 2008

Semana mundial del parto respetado

No olvido los días previos. La emoción y la incertidumbre. No olvido los paseos el día anterior. Tampoco esas contracciones leves pero certeras. No olvido la noche de espera. No olvido a mi médica, que estuvo acompañándome en todo momento. No olvido a mi partera, con la que charlarmos hasta la madrugada. No olvido que siempre me hicieron sentir que estaba todo bien, que me tomara mi tiempo. Que no me apuraron. No olvido la paciencia de Pato. No olvido mi llanto. Tampoco su esmero monitoreando los latidos de Ianick. No olvido el momento en donde comenzó el dolor más intenso. No olvido que estaba cumpliendo mi deseo de sentir, de saber. No olvido mi inseguridad al principio y el apoyo después. No olvido los pujos, que le hacían frente a esas olas que se apoderaban de mi cuerpo. No olvido la sensación de la coronación, de arrebato y poder simultáneos. Y después el nacimiento, su piel rosada sobre la mía y el primer estornudo. No olvido el silencio y la contempación. No olvido el respeto y el amor que me rodearon.

No voy a olvidar parir. Gracias.


Historia del nacimiento acá

jueves, mayo 08, 2008

Ouch

Estoy con tortícolis y cuando lo digo, así como recién, me siento como esas viejas de mierda que viven quejándose de todo lo que les duele y de todas las enfermedades que tienen. Lo peor son las que te vienen con los juanetes: mi tía jodía constantemente con ese tema, que el juanete esto, que el juanete lo otro, el juanete había cobrado vida propia y se había empecinado en quitarle la paz. De sólo imaginar ese juanete me dan náuseas.

Y esto de la tortícolis no sé, quiero que se me pase, porque para ser sincera me pone de un humor del orto, no tengo idea cómo hace la gente que tiene dolores crónicos. Se ve que mi nivel de tolerancia tampoco es demasiado alto que digamos, porque tengo ganas de partirle un palo por la cabeza a cualquiera que se me cruce. Viste, porque yo me hago la cancherita de que parí en casa y toda la bola, pero después no puedo superar una mísera tortícolis. Lo que más me revienta, es que soy una maldita ingrata y cuando se me pase este tema voy a olvidarme de lo mal que estaba y ni siquiera voy a sentirme agradecida por haber recobrado la salud física y mental.

Mi médico me manda al osteópata y éste, después de hacerme algunos pases mágicos, me manda a nadar. Sí juan. O sea, como le decia hoy a ella, nadar no es, ah bueno, voy a nadar y listo. No es simplemente, tengo que juntar coraje y pilas para hacer deporte. Es muchísimo más que eso. Es gorra de natación, malla adecuada (nada de bikini de playa), es antiparras (antiparras!), gorra de latex, es llevar muda de ropa, secador de pelo, champú, jabón y jabonera, es revisación médica y lo que es peor de todo, es depilación de cavado, que chicas, en invierno y si ya estás hace un buen rato con alguien y no tenés necesidad de hacerte la linda, no da ni un poco.

Todo el folclore alrededor de nadar me da una paja inconmensurable. Porque seamos sinceras, la piloteás más o menos si no te lavás el pelo después del gimnasio. O si estás maquillada, te podés duchar sin que se te corra. Pero si de la pileta tenés que ir a otro lado, por ejemplo a una renión sumamente importante, que en mi caso puede ser buscar a las bestias del jardín, o encontrarme con una amiga a tomar un café o tener que ir de urgencia al supermercado porque se acabaron los pañales, entonces tenés que ponerte más o menos presentable. Así sea maquillarte un poco para que no se te noten tanto las marcas que dejaron las antiparras alrededor de los ojos.

Así que éste es mi gran dilema: piletita o diclofenac. Y después hay gente que dice tener problemas en la vida. Ja.

miércoles, abril 30, 2008

Duranzo y limón

Yo no creo en esa idea de la media naranja. Eso de que hay una persona que es tu alma gemela y que encontrarla es como una suerte de lotería. O algo parecido: que hay solamente cinco personas en el mundo que son abolutamente compatibles con vos, que son el hombre/mujer de tu vida. Francamente, ese concepto me parece una estupidez. No porque no sea romántica (tengo mis momentos, tampoco aaaahhh a la pavada), sino porque es una máxima tan infundada y sin respaldo empírico como decir que a todas las mujeres que toman daiquiris de frutilla les gusta hacerlo por colectora.

Es por eso que no creo haber encontrado a mi media naranja. En todo caso él será durazno y yo limón, pero de mitades ni hablar. Y como tales, tenemos que hacer mil compromisos y ponerle garra para que esto siga andando. El tema es que me siga gustando el durazno y él no se canse del limón. Y no es que nos elegimos todos los días como se dice por ahí que hay que hacer: hay días en donde me gustaría correr tan rápido y sin mirar atrás hasta llegar al polo norte, alquilarme un iglú y ser feliz mirando televisión y comiendo pochoclo. A él seguramente también le pasa cuando me pongo particularmente molesta. Mejor ni le pregunto...

Pero siempre hay más de más que de menos y al final del día eso es lo que cuenta. Cuando no todo es siempre igual y cuando sentís que ahora está ahí. Esa sensación está buenísima, y llamáme viejita pero es casi tan buena como las mariposas en el estómago.

No, definitivamente no somos dos medias naranjas. A lo sumo fruta.

lunes, abril 28, 2008

Maia y la lágrima de cocodrilo

buahhh

...o “nosemeocurrenadaporesopongofotosdemadrebabosa”

jueves, abril 24, 2008

Me supera

Ianick

lunes, abril 21, 2008

Stand up

Gracias Loli, ahí va el mío.

Por entonces los días eran bastante grises para mí: lo suficientemente grises como para considerar volverme a Alemania. Trabajaba en la empresa de mi papá (yo no digo "trabajaba en la empresa de papá" o "en esos tiempos, mamá estaba bla bla", eso es de latifundista devaluado), hace más de un año, llevando a cabo una decisión que no fue demasiado acertada pero bueno, me la bancaba como podía.

Ganaba bastante mal (de onda viejo, me pagabas para el traste) y había cortado recientemente con mi novio de entonces que era tres años menor y se juntaba con los amigos los fines de semana en la casa de uno en la previa del bowling (!) para ver Sábado Bus. Me río por no llorar, te juro. Así que andaba sola y en la nada.

Un día cualquiera me llama una tipa a la oficina para venderme un stand (nosotros participábamos en exposiciones). Como ya teníamos arreglado el tema yo no quería saber nada pero la mina hacía muy bien su trabajo y me convenció prometiéndome la visita de un representante la semana entrante. Conste que yo no soy de caer en la red de vendedores telefónicos, si me llaman a casa les digo: “Sí mirá, la verdad que me puede llegar a interesar el sistema de ambulancias con sede en Santiago del Estero, dáme el número de tu casa que te llamo a la noche”. Quégraciosaquesoy, por favor. Pero esta mina me convenció.

La semana siguiente aparece un tipo con una especie de baúl inmenso en mi oficina de 2x2 y con la intención de armar el stand en mi oficina. Yo no sé si en esos días me estaba por venir o qué, pero me dio tanto odio que el tipo me venga a romper las bolas con eso que ni me interesaba, que encima haya traido el stand y no unos folletos como hace cualquier hijo de vecino y encima que insistiera con armarlo sí o sí porque el efecto no es el mismo. Pero andáte a la puta que te parió qué efecto ni ocho cuartos. Así que voy cual nenita malcriada a la oficina de mi papá y grito con tonito agudo y caprichoso (hasta hoy me imita): “Paaapiiiii, este señor quiere armar el stand y necesitamos tu oficina...” Así que terminó de armar el stand mientras mi viejo jugaba al solitario y yo iba dándome cuenta de que "este señor" por ahí no era tan irritante como me pareció al principio.

Abreviando, empezamos a salir y acá estamos, todos estos años e hijos después. Hoy, despierta mi bronca por otras cosas, como el baño empapado, la ropa tirada, cuando tarda mil horas para arrancar a la mañana, cuando no me deja ponerme perfume porque le da alergia, bue, la lista es larga.

Pero compensa, eh.

Se lo paso a Wishi, Val, Verte y a Cyn.