Monsters Inc.
Ayer fue uno de esos días que no me convierten en la mamá del año. Debe ser que estoy muy irritable porque me está por venir. Ojo, esto lo digo yo, que no me venga un tipo con ese comentario porque pobre de él si tengo un pica-hielo a mano. Es como lo de "estoy gorda". Cuando estoy hecha una foca tengo plena conciencia de eso y no me miento en absoluto, pero le llego a preguntar a Pato y me contesta que sí, se arma la podrida. Si me dice que no, sé muy bien que me está mintiendo y que en realidad me merezco que me larguen en alguna playa de Puerto Madryn. Le reprocho la mentira, pero pobre de él si no la mantiene.
En fin, decía que ayer fue un día de ésos. Hasta la noche la pude pilotear dignamente. Cada vez que alguno de los tres me hacía salir de mis casillas, respiraba hondo, uno dos tres, inhalo, exhalo, cuento hasta 10, no, mejor hasta 20, sí, sí ya me siento mejor, no es tan grave que haya pintarrajeado la pared con crayon azul, vamos, me calmo, eso es, eso es. Así hasta la noche, una maestra del control mental.
Pero viste que se va acumulando. Porque todas esas técnicas de respirar hondo, contar o tomarse un té verde con jengibre todo bien, te calman en el momento, pero uno va acumulando. Y a eso de las nueve yo ya me sentía como el Chaitén. Les lavo los dientes, bueno pensé, cuento y a la cama, ya casi lo logro, una más y no jodemos más. Dientes, hacer pis, libro. Emma elige un libro medio largo pero bueno, lo leo con mi mejor cara, hago las voces de los personajes, para medalla te digo. Y después del punto final, digo bueno basta, a la camita que mañana hay jardín, Emma empieza a protestar que quiere un librito más, cosa de todos los dias, cosa común de cualquier niño, pero en ese momento de mi estado mental su vocecita angelical que podríamos calificar tranquilamente como voz de pito, me taladraba el tímpano y lo único que se me ocurría hacer en ese momento era saltar por el balcón.
Ahí, justo en ese re sostenido del “ooooooootroooomássssssss, por favor mamáa” se me salta la cadena. No lo alcancé a evitar. Con algo tan elemental como el pedido de un librito de morondanga más. Con un vozarrón que les juro no sé de dónde me salió grito “ NO, NO. NOOOOOOOOOOOO. No hay más cuentos, ahora a dormir. ESTOY PODRIDA DE CUENTOS. Quiero irme a dormir, quiero PAZ. NO HAY MAS CUENTOOOOOOOOOOOS. BAAAAAAAAASTAAAAAAAAAAA. Siempre me piden más cuentos, SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE MAS y NO QUIERO MAS, QUIERO DORMIR, NO PUEDO MAAAAAAAAAAAS”.
O sea, loca mal. Sacada. La voz. La voz de un monstruo. Como medio gritando pero con voz grave. Emma se paralizó y se quedó mirándome con esos ojazos que se le empezaban a llenar de lágrimas. Maia dio algunos pasos para atrás asustada. Juro que no sé de dónde me salió esa voz de psicótica. Ni yo me reconocí, era como que la loca que tengo adentro se hubiera apoderado de mí. Horrible.
Peor es segundos después cuando te das cuenta, cuando volvés en vos, cuando te empieza a carcomer la culpa y pedís perdón como esos alcohólicos que golpean a su mujer y juran no hacerlo nunca más. Estoy nerviosa, no sé que me pasó, perdonáme, ya sé que no hay que gritar así, es que estoy muy cansada y necesito dormir, bla bla bla.
Pero la voz. Mi montruo salió de su cueva y asustó a las nenas. Ésa también soy yo.
En fin, decía que ayer fue un día de ésos. Hasta la noche la pude pilotear dignamente. Cada vez que alguno de los tres me hacía salir de mis casillas, respiraba hondo, uno dos tres, inhalo, exhalo, cuento hasta 10, no, mejor hasta 20, sí, sí ya me siento mejor, no es tan grave que haya pintarrajeado la pared con crayon azul, vamos, me calmo, eso es, eso es. Así hasta la noche, una maestra del control mental.
Pero viste que se va acumulando. Porque todas esas técnicas de respirar hondo, contar o tomarse un té verde con jengibre todo bien, te calman en el momento, pero uno va acumulando. Y a eso de las nueve yo ya me sentía como el Chaitén. Les lavo los dientes, bueno pensé, cuento y a la cama, ya casi lo logro, una más y no jodemos más. Dientes, hacer pis, libro. Emma elige un libro medio largo pero bueno, lo leo con mi mejor cara, hago las voces de los personajes, para medalla te digo. Y después del punto final, digo bueno basta, a la camita que mañana hay jardín, Emma empieza a protestar que quiere un librito más, cosa de todos los dias, cosa común de cualquier niño, pero en ese momento de mi estado mental su vocecita angelical que podríamos calificar tranquilamente como voz de pito, me taladraba el tímpano y lo único que se me ocurría hacer en ese momento era saltar por el balcón.
Ahí, justo en ese re sostenido del “ooooooootroooomássssssss, por favor mamáa” se me salta la cadena. No lo alcancé a evitar. Con algo tan elemental como el pedido de un librito de morondanga más. Con un vozarrón que les juro no sé de dónde me salió grito “ NO, NO. NOOOOOOOOOOOO. No hay más cuentos, ahora a dormir. ESTOY PODRIDA DE CUENTOS. Quiero irme a dormir, quiero PAZ. NO HAY MAS CUENTOOOOOOOOOOOS. BAAAAAAAAASTAAAAAAAAAAA. Siempre me piden más cuentos, SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE MAS y NO QUIERO MAS, QUIERO DORMIR, NO PUEDO MAAAAAAAAAAAS”.
O sea, loca mal. Sacada. La voz. La voz de un monstruo. Como medio gritando pero con voz grave. Emma se paralizó y se quedó mirándome con esos ojazos que se le empezaban a llenar de lágrimas. Maia dio algunos pasos para atrás asustada. Juro que no sé de dónde me salió esa voz de psicótica. Ni yo me reconocí, era como que la loca que tengo adentro se hubiera apoderado de mí. Horrible.
Peor es segundos después cuando te das cuenta, cuando volvés en vos, cuando te empieza a carcomer la culpa y pedís perdón como esos alcohólicos que golpean a su mujer y juran no hacerlo nunca más. Estoy nerviosa, no sé que me pasó, perdonáme, ya sé que no hay que gritar así, es que estoy muy cansada y necesito dormir, bla bla bla.
Pero la voz. Mi montruo salió de su cueva y asustó a las nenas. Ésa también soy yo.




